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Una mala noticia para Codelco

6 junio, 2012
villarzu

04-05-2012 La Tercera – Opinión
Si no se resuelve el conflicto de roles existente en la compañía tras la salida de Diego Hernández, se corre el riego de afectar el futuro de la empresa estatal

Recientemente fuimos sorprendidos con la noticia que Diego Hernández había presentado su renuncia a la presidencia ejecutiva de Codelco y que se había designado en el cargo a Thomas Keller, brazo derecho de Hernández.

No era un secreto que Hernández y el directorio, representado por su presidente, tenían diferencias respecto del rol que correspondía jugar a cada cual en la conducción de Codelco y que ello desembocaría, más temprano que tarde, en el alejamiento de Hernández. Lo sorpresivo fue la oportunidad, pocos días después del anuncio que Codelco y Anglo American congelaban por un mes las acciones judiciales e intentaban un arreglo extrajudicial.

La renuncia de Hernández es una mala noticia. Se trata de un ejecutivo de nivel mundial, de gran solvencia técnica y credibilidad. Uno de los pocos chilenos capaces de liderar el esfuerzo de inversión y gestión necesarios para que la empresa recupere su competitividad y mantenga su liderazgo en la industria. Más allá de las diferencias que obviamente existieron en el caso Anglo y que bien pudo haber sido la gota que colmó el vaso, la renuncia que nos preocupa dejó en evidencia una debilidad estructural del modelo de gestión contemplado en la ley del nuevo gobierno corporativo de Codelco, en aplicación desde hace algo más de dos años. Esta ley tuvo como objetivo profesionalizar el directorio, independizarlo de la influencia del gobierno de turno y permitirle un mayor grado de autonomía para conducir la empresa.

En concordancia con este objetivo, la ley radicó en el directorio la responsabilidad por la administración de la misma y le entregó, entre otras facultades, la de designar y remover al presidente ejecutivo y los demás ejecutivos superiores. Se daba por sentado que el directorio definía el “qué”, y delegaba en el equipo ejecutivo todas las facultades necesarias para ejecutar el “cómo”. En la práctica, dado que en Codelco el “cómo” implica tomar decisiones riesgosas y de alta complejidad, es comprensible que el directorio quiera asegurarse de que se hayan evaluado todas las alternativas y se haya adoptado la de menor riesgo. Esto por el alto impacto que el accionar de Codelco, particularmente sus errores, producen en la opinión pública.

Por su parte, el cuerpo ejecutivo, enfrentado a sacar adelante un ambicioso plan de inversiones que contempla proyectos de gran tamaño y complejidad, lo más probable es que tenga que asumir mayores riesgos. La disparidad de percepciones dificulta la toma de decisiones, genera demoras y oscurece la asignación de responsabilidades. Esto parece ser lo que está ocurriendo en Codelco y sería la causa de las diferencias crecientes entre el directorio y el presidente ejecutivo. Pero cambiarlo sin impulsar una transformación de conductas no resuelve el problema. A poco andar estaremos lamentando una nueva renuncia.

Si no se resuelve el conflicto de roles existente, se corre el riesgo de afectar el futuro de la empresa. Para resolverlo será necesario volver a precisar en la ley las responsabilidades y atribuciones de cada una de las partes, tal como lo contemplaba la norma de Codelco antes de la aprobación y puesta en vigencia de la ley que creó el nuevo gobierno corporativo.

Por Juan Villarzú, Ex Presidente Ejecutivo de Codelco

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