Home La Empresa Eventos Suscripción Tarifas Programa Contacto Ediciones Avisadores
Edición Nº 18

 
CRÓNICA ENERGÉTICA
 

Innovación en energía

El creciente desarrollo de las redes inteligentes

También llamadas smart grid, comienzan a ocupar un espacio cada vez más relevante en la discusión a nivel país sobre cómo producir energía de manera limpia y eficiente

Son las encargadas de llevar al límite lo que hoy nos entrega la tecnología de informática, de técnica de control y de visualización. La red inteligente, según explica el director del Centro de Energía de la FCFM de la Universidad de Chile, Rodrigo Palma B., es un concepto que “trata de aglutinar el esfuerzo en términos de aprovechar los sensores; los actuadores; la electrónica; los dispositivos, de modo de integrarlos de una manera idónea para que su desempeño sea máximo”.

Una de las principales características que distingue a las redes inteligentes es su bidireccionalidad. En el modelo actual, las acciones se dirigen en un sentido único y las posibilidades de condicionamiento por parte de los usuarios son reducidas. Por el contrario, las redes inteligentes permiten una participación mucho más activa del usuario.

“Es un cambio muy grande”, aclara Palma. Un buen ejemplo es la domótica: “que una lavadora se encienda automáticamente cuando la compañía y el usuario lo estimen conveniente es una realidad en otros países, mientras que en Chile es aún ciencia ficción”.

Otro de los rasgos destacados de las redes inteligentes es su capacidad para potenciar la integración de múltiples generadores distribuidos, los que funcionan a pequeña escala. Un ejemplo con el cual Palma grafica esta idea es “la energía de una casa producida, por ejemplo, por paneles fotovoltaicos que inyectan energía al sistema”.

Chile, país de energías

“Pocos países tienen un mix tan particular de energía como Chile”, indica Palma. Situado sobre una zona de frecuente actividad volcánica; frente a la costa del océano de mayor volumen; con vastas extensiones de territorio deshabitado y con zonas que reciben altísimos índices de radiación solar, las características físicas de Chile son favorables para el desarrollo de la energía geotérmica, mareomotriz, eólica y solar, entre otras. En este sentido, incorporar energías renovables no convencionales (ERNC) a los sistemas de distribución y transmisión es una tendencia creciente. A partir de la ley 20.257, del año 2008, que establece una obligación para que un porcentaje de la energía que las empresas eléctricas comercializan provengan de fuentes de ERNC, las empresas del sector han demostrado un creciente interés por indagar en estos temas y por tener una posición sobre éstos.

Precisamente en ese contexto las redes inteligentes cobran una especial relevancia, pues “no desarrollar las redes inteligentes se transforma en una barrera adicional a la inserción de la energía renovable”, asegura Palma.

Esta situación ocurre “porque si los criterios de operación de conexión tienen estándares de una red pasiva y convencional, las fuentes de energía renovables, -especialmente las que tienen intermitencia o variabilidad importante- se perciben como un problema más que como una oportunidad de alcanzar un desarrollo sustentable”.

Las posibilidades de conjugación entre las ERNC y la energía tradicional se basan en un modelo de operación del sistema eléctrico que busque optimizar un intercambio de energía, ya sea eólico o solar, con la energía proveniente de embalses para la generación hidroeléctrica.

Para funcionar, estas aplicaciones requerirían de “sistemas de monitoreo, control y modelos matemáticos que sean peculiares y que hoy no están disponibles en general”, pero que de todos modos son atractivos de desarrollar, pues “hay beneficios claros que pudieran obtenerse”, señala.

A nivel de proyectos, esto recién está ocurriendo en Chile. Sólo existen prototipos desarrollados al alero de la investigación académica, como los proyectos que impulsa la Universidad de Chile en su Centro de Energía.
¿A qué se debe esta carencia de proyectos más allá del ámbito académico? A una lógica de mercado que obliga a disminuir costos, pues el desarrollo de este tipo de tecnologías representa una inversión adicional para quienes deseen impulsarlas, explica Palma.

Para las empresas, las ventajas y retribuciones no logran visualizarse con facilidad. Aunque el especialista reconoce que la masificación a nivel mundial aún es escasa -a excepción de los países del primer mundo- está pendiente en Chile una discusión esencial: ¿tenemos un mercado que justifique invertir en este tipo de tecnologías de manera de proyectarlas como producto de exportación?

“En Chile no se considera a esta inversión como una necesidad”, explica. “Si hay oportunidades particulares que justifiquen invertir en este tipo de tecnología en Chile, hay que impulsarlas estratégicamente. Esto, para luego tener un desempeño de largo plazo que sí se convierta en un beneficio económico”. “El sector energético requiere una innovación con la mirada local, y estratégicamente con la capacidad que Chile venda esas soluciones al extranjero”, propone el especialista.

Eficiencia energética en la vida cotidiana

Los caminos de las redes inteligentes no sólo conducen a soluciones a gran escala para el sector industrial. A nivel doméstico también es posible desarrollar novedosas aplicaciones. Uno de los mejores ejemplos es el automóvil eléctrico, que desde su antecesor -el híbrido- ha evolucionado de manera tal que hacia el 2015 se espera su masificación en el mercado.

Chile no estará ausente en este avance tecnológico. Palma estima que en el 2012 comenzarán a comercializarse los primeros modelos en Chile. “Los vehículos se pueden conectar en la casa durante la noche para cargarse o bien utilizar cargadores rápidos (bombas de electricidad) que actualmente se utilizan en Japón. En este caso se requiere de 15 minutos para cargar el 80% de la batería”.

Pero ¿qué significa introducir vehículos eléctricos en Chile de forma masiva y comercial? Este es sólo uno de los escenarios donde las redes inteligentes tendrían un papel relevante. Y será el turno del propio país y las autoridades pertinentes abrir el debate sobre esta realidad de la cual nadie puede estar indiferente.


Micro-redes de emergencia

Estados Unidos es uno de los países donde se desarrolló el concepto de micro-redes, que corresponden a pequeñas redes inteligentes dentro de una zona urbana, cuya particularidad es poder auto abastecerse. Rodrigo Palma vislumbra en ellas una alternativa de aplicación para Chile desde la mirada de las situaciones de emergencia, pues “pueden estar pensadas para ser muy robustas frente a desastres naturales; ahí hay una oportunidad por la realidad actual: crear micro-redes que podrían tener un efecto muy positivo en el caso de desastres”.


La energía solar en Chile:

La potencialidad de la energía solar en Chile es enorme. En Alemania, donde su uso está integrado en la generación eléctrica, la radiación solar es tan alta como en Coihaique, capital de la región de Aysén. Pero ¿cómo aprovechar este recurso? “Habría que escoger la mejor combinación entre el recurso y la disposición o capacidad de pago por parte del que lo va a instalar” dice Rodrigo Palma. “Hemos hecho análisis a partir de evaluaciones del profesor Roberto Román: los perfiles de radiación del sur de Chile no tienen nada que envidiarle a zonas de Europa donde hoy está proliferando la tecnología fotovoltaica instalada”. ¿El problema actual? Su alto costo.

 

subir

Enviar a un amigo
Imprimir este artículo
Agregar a favoritos
Suscribirse a la Revista

 

Revista NUEVA MINERIA & ENERGÍA
Coronel 2330, OF 43, Providencia - Santiago - Chile - Tel (56-2) 233 8690
e-mail: masinformacion@nuevamineria.com
© 2010 NUEVA MINERIA & ENERGÍA - Todos los derechos reservados /  Powered by BYACOM