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Seguridad y Salud Ocupacional: valores de eficiencia para el negocio minero

5 mayo, 2016
Opinión - Martiza Henríquez_foto

Opinión - Martiza Henríquez_foto

“Debemos necesariamente cambiar nuestros paradigmas y superar la transición de una cultura preventiva “dependiente” a una “independiente”. Ya existe el conocimiento suficiente para realizar un trabajo de manera correcta dentro de las organizaciones, pero es necesario hacer cambios en los sistemas de gestión de seguridad y salud ocupacional”.

Por Maritza Henríquez
Coordinadora Técnica de Seminario Safemining 2016
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Uno de los hitos más importantes en la legislación laboral en Chile surgió como consecuencia de la “Tragedia del Humo”, ocurrida en la mina El Teniente el 19 de junio de 1945, en la cual fallecieron 355 trabajadores. Este siniestro abrió paso al surgimiento y desarrollo de una nueva legislación que se centró en la higiene industrial y en la prevención de riesgos. Pero no sólo se debe considerar estos dos factores, sino que además el aporte de los sistemas de gestión, la disciplina empresarial y la madurez de los trabajadores en el comportamiento en torno a la Seguridad y Salud Ocupacional (SSO).

Debemos considerar que durante las últimas décadas, el “índice de frecuencia” era cercano a 30, mientras que los resultados de 2015 son de 2,06, gracias a los cambios y mejoras introducidos en los últimos 10 años. Además de esto, es necesario considerar la tasa de fatalidad, que fue de 0,51 en 1998 y descendió a 0,04 en 2015. Otro dato de gran importancia es el aumento promedio de días perdidos por enfermedades profesionales, el que se incrementó en 63% por cada licencia presentada en el último decenio.

Al analizar estos datos de manera global podemos deducir que hemos llegado a una madurez cultural en prevención y seguridad para la minería chilena, y que todo lo que se ha realizado ha permitido un avance significativo en capacitaciones, estandarizaciones de prácticas, uso de equipos de protección personal (EPP), liderazgo en terreno y documentación generada. Todo esto ha tenido como fin traspasar la realidad desde el terreno a las decisiones que se toman para definir estructuras de gestión.

Para continuar mejorando en prevención, cito a Albert Einstein: “Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”. Esto implica que debemos necesariamente cambiar nuestros paradigmas y superar la transición de una cultura preventiva “dependiente” a una “independiente”. Ya existe el conocimiento suficiente para realizar un trabajo de manera correcta dentro de las organizaciones, pero es necesario hacer cambios en los sistemas de gestión de SSO.

Entre estos cambios están focalizar la gestión en lo crítico (causas, tareas, equipos, las etapas de un proceso, etc.); trabajadores empoderados en el terreno y en las estrategias SSO de las organizaciones; la comunicación basada en indagar y abogar sobre las tareas; líderes permanentes como agentes de cambio para la cultura preventiva, no sólo en las observaciones conductuales; selección de EPP proporcionales al peligro; y finalmente, trabajadores pensando y actuando en el proceso y el resultado de su tarea.

A pesar de los avances que se han observado dentro del trabajo en seguridad, aún faltan dos pilares fundamentales que se deben promover en la cultura preventiva: salud ocupacional y accidentes de trayecto. Son estos pilares los que deben ser el foco de nuestras futuras investigaciones y avances, los que permitirán el desarrollo de nuestra eficiencia y seguridad en Chile, y a los trabajadores “regresar a casa sano y salvo todos los días”.

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