Reportes de sustentabilidad al pizarrón

(Ilustración: Fabián Rivas)

La elaboración de estos documentos como herramienta de transparencia respecto a la gestión de las empresas en temas sociales y ambientales, genera interrogantes sobre los reales alcances en sus grupos de interés.

Por Camila Morales
Revista Nueva Minería y Energía
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En la última década, el sector minero ha ido cambiando la manera en que desarrolla su negocio conforme a las demandas sociales sobre el respeto al medioambiente y las personas. Esta transformación ha cobrado cada vez más importancia, lo que se ha plasmado en la información oficial que difunden periódicamente las empresas.

La práctica de dar a conocer los pasos que las compañías han decidido adoptar en línea con una mejor gestión de sus operaciones a nivel social y ambiental, son publicados en los Reportes de Sustentabilidad, informes que registran un crecimiento exponencial desde el año 2000.

Siguiendo la tendencia mundial de transparentar información, cientos de empresas que operan en el país publican informes donde detallan sus objetivos y estrategias implementadas en distintas aristas relacionadas a la sustentabilidad. Pero pese a que esta herramienta ha sido interpretada como un avance, surgen interrogantes sobre el real alcance de sus objetivos.

Para Ingrid Koch, gerenta de operaciones del Centro Vincular de Sostenibilidad Corporativa de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV), uno de los problemas de los reportes en minería y energía, es que “están elaborados a nivel corporativo”, por lo que a su juicio, carecen de información detallada sobre la gestión de impactos en las distintas operaciones alrededor del mundo.

“Los reportes no son muy útiles para las partes interesadas locales, que quieren saber sobre la gestión de una faena específica”, agrega Koch.

Respecto a tal desequilibrio en la información, Andrea Díaz, consultora de PWC, comenta que las empresas se han dado cuenta que un reporte “no equilibrado” le quita credibilidad a todo el documento.

“Desde que Codelco publicó el primer reporte de sostenibilidad de una empresa chilena, las principales compañías mineras y eléctricas han sido pioneras en el desarrollo de este tipo de reportes, probablemente dada su gran exposición pública”, dice la consultora de PWC.

Pero el tipo de documento al que han apostado gran parte de las compañías destaca por poseer una gran cantidad de contenidos, plasmados a través de muchos indicadores, lo que en la práctica puede ser confuso, según advierte Mario Orellana, director social del Programa para Dirigentes Sociales, patrocinado por la Universidad de Santiago de Chile (Usach).

“Aunque algunos reportes tienen un diseño espectacular, con una calidad de papel extraordinario, con imágenes y gráficos muy bonitos, parece que están en inglés: no se entiende nada. Tengo la sensación de que estos informes no están hechos para reportar la pega misma, sino que están hechos desde una mirada del marketing”, afirma Orellana.

¿Comunicación eficaz?

En el año 2012, GRI -organización dedicada a desarrollar guías para la elaboración de reportes de sustentabilidad aplicables a todo tipo de organización- lanzó una nueva versión de su metodología, la cual se caracteriza por incluir cambios para que las compañías pongan mayor énfasis en los impactos de la cadena de valor de las empresas.

Si las empresas mineras y energéticas presentes en Chile van en línea a este objetivo, ¿se resolvería el desafío de ser una herramienta de comunicación eficaz con sus grupos, como comunidades o clientes?

Para Andrea Díaz este propósito se puede concretar si los reportes cumplen con dos objetivos: “por una parte, ser una herramienta de gestión que permita medir y gestionar todos aquellos aspectos que contribuyan a la sostenibilidad del negocio, como el monitoreo de los impactos ambientales, el relacionamiento comunitario, la generación de valor compartido, etc. Y por otra parte, debe permitir a la compañía hacer pública su gestión, y comunicar en primera persona cómo está desarrollando su negocio”, explica la consultora de PWC.

En tanto, Ingrid Koch, del Centro Vincular de Sostenibilidad de la PUCV, advierte que estos objetivos deben concretarse con el fin de que el marketing no sea la única finalidad de estos documentos.

“Cuando la información reportada obedece sólo a fines de marketing y no se muestran los impactos negativos o es parcial, los grupos de interés se vuelven muy críticos y la empresa pierde absoluta credibilidad frente a ellos. El reporte debe poner especial énfasis en transparentar la gestión de temas claves, utilizando la metodología GRI como guía”, agrega Koch.

Que los grupos de interés se transformen en un actor activo a la hora de validar estos reportes, es un objetivo de las empresas. En la foto, Mesa de Buenos Vecinos Sierra Gorda. (Foto: Consejo Minero)

Tomando en cuenta el desafío de mejorar estos reportes, ¿qué otro tipo de información se podría incluir en estos informes? Para Mario Orellana, sería interesante saber, por ejemplo, cuánto invierten las empresas en desarrollo comunitario, y cuánto invierten en la consolidación de su relación con el territorio al cual les están interviniendo espacios y recursos.

“Falta más participación ciudadana real, no en condición de testeo, sino en espacios resolutivos y vinculantes”, agrega el director social del Programa para Dirigentes Sociales.

Un reto constante

Con desafíos aún sin resolver, las empresas año a año idean nuevas estrategias para transparentar su desempeño en el ámbito económico, social y ambiental, cuestión que ha sido reconocida por la comunidad internacional. Por ejemplo, entre las conclusiones de la Cumbre Río+20 se recoge la demanda a las empresas para que incorporen información sobre sustentabilidad en sus informes.

Esta tendencia al alza ha permitido que exista un cambio de paradigma para que los aspectos no financieros también sean relevantes a la hora de tomar decisiones.

“El concepto de la sostenibilidad ha ido madurando durante los últimos años. Tanto los inversionistas como el regulador y las organizaciones sociales, están solicitando más información, y me parece que un buen reporte de sostenibilidad tiene que ser capaz de escuchar estos requerimientos y darles respuestas”, argumenta Andrea Díaz, de PWC.

¿Cuáles serán los nuevos requerimientos que en un futuro surgirán desde la sociedad, el Estado o desde las propias empresas para estos reportes? Pese a que la respuesta aún está por verse, los expertos consultados coinciden en que es importante que siempre los reportes de sustentabilidad muestren cierta simetría en la información en cuanto a logros y éxitos, pero también a temas pendientes.

Para Ingrid Koch, un reporte para ser creíble debe ser equilibrado. “Esto quiere decir que no sólo debe informar sobre aspectos positivos, sino que también dar cobertura a los fracasos, a los impactos negativos. Si un reporte sólo transparenta lo positivo, que normalmente se hace al informar sobre inversión social o filantropía, la empresa no está siendo honesta sobre el impacto real de sus operaciones”, concluye.

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