Innovación social en Antofagasta: La sinergia como camino al desarrollo

Antofagasta, una ciudad de contrastes que ha sido tierra fértil para diferentes proyectos de innovación social. (Foto: Puk Aguirre)

Antofagasta, una ciudad de contrastes que ha sido tierra fértil para diferentes proyectos de innovación social. (Foto: Puk Aguirre)

Durante los últimos años, emprendedores, grandes empresas, el Estado, las universidades y diversas instituciones que conviven en Antofagasta han estado trabajando para mejorar algunos desafíos sociales que presenta la capital minera de Chile. A través de la innovación social se ha logrado hacer sinergia para mejorar la calidad de vida de sus habitantes.

Nicolás Rojas
Desde Antofagasta
Revista Nueva Minería y Energía
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En 1998, el traumatólogo y académico de la Universidad de Antofagasta Pedro Ziede inició un viaje a Taltal para concretar una idea que venía pensando hacía meses: apoyar a esa comunidad con un operativo médico gratuito destinado a atender a personas que requirieran atención médica y operaciones de baja complejidad.

A bordo de un vehículo particular y en compañía de tres médicos y dos profesionales de apoyo, el operativo encabezado por Pedro Ziede llegó a Taltal -a unos 200 kilómetros al sur de Antofagasta- con todo lo necesario para cumplir con la tarea. Había, ciertamente, muchas ganas; pero también, una buena cuota de incertidumbre.

Finalmente, el proyecto que llamaron “Sembrando Salud” fue todo un éxito. Pero lo que no imaginaron jamás es que ese primer viaje que armaron a pulso y con más sueños que certezas, seguiría adelante casi dos décadas más tarde.

Hoy, el proyecto de Pedro Ziede no sólo está completamente vigente, sino que ha sumado respaldos y premios. Apoyados por la Fuerza Aérea de Chile, diferentes hospitales públicos, el servicio de salud regional, todas las clínicas privadas de Antofagasta, estudiantes y profesionales del área de la salud, Fundación Minera Escondida y la Universidad de Antofagasta; Sembrando Salud sigue desarrollando operativos médicos en toda la región, llegando a realizar unas 200 cirugías anuales, lo que les valió ser reconocidos como el ganador del público en el programa Camiseteados, de TVN.

Mientras Pedro Ziede y su equipo realizaba los operativos de Sembrando Salud, un trabajador de Altonorte lo pasaba mal con su adicción a las drogas. Cada vez que recibía su sueldo, Elías Jara literalmente se perdía. Pero justo cuando más temor tenía de ser despedido de su trabajo, vio una ventana de escape: en una reunión, una funcionaria de la empresa preguntó si alguno de los presentes tenía problemas con las drogas. Elías se armó de valor y levantó la mano. ¿El resultado? La compañía se hizo cargo del problema y decidió pagarle la rehabilitación a su trabajador.

Durante el proceso, y mientras miraba con atención las visitas que realizaban los familiares a otros internos, Elías Jara notó que se repetía una actitud que podía entorpecer la rehabilitación: la codependencia. Es decir, una condición que desde la familia puede impedir que el adicto supere el problema.

Fue así como se puso a estudiar el tema, lo que lo llevó a crear un sistema para trabajar con las madres de los adictos. Hoy, esa idea ya se ha convertido en algo mucho mayor. Elías es fundador y director de la fundación “En los ojos de mi madre”, proyecto que también fue reconocido como uno de los ocho finalistas del programa Camiseteados.

Así, la ciudad de Antofagasta, que representa aproximadamente el 2% de la población del país, generó el 25% de los proyectos finalistas del programa de TVN. ¿Una casualidad?

Las contradicciones de Antofagasta

Gracias a los generosos recursos que entrega la minería, Antofagasta presenta algunas cifras económicas propias de países desarrollados. Con sus US$37 mil de PIB per cápita (equivalente a Italia o Nueva Zelandia), debiese ser la ciudad más avanzada del país. Pero cualquiera que haya visitado la capital de la Segunda Región sabe que no es así. Al evaluar aspectos como la vivienda, la salud, el medioambiente, y la condición laboral, entre otros, Antofagasta sólo se ubica en el lugar 28 a nivel nacional en calidad de vida, según datos actualizados de la Cámara Chilena de la Construcción y la Pontificia Universidad Católica.

El proyecto IncluNova, que desarrolla tecnologías inclusivas para personas en situación de discapacidad, es otra de las iniciativas de innovación social que ha surgido en Antofagasta. En la foto, Arturo Espinoza, Estefanía Flores y Catalina Anguita, creadores del proyecto. (Foto: Twitter)

El proyecto IncluNova, que desarrolla tecnologías inclusivas para personas en situación de discapacidad, es otra de las iniciativas de innovación social que ha surgido en Antofagasta. En la foto, Arturo Espinoza, Estefanía Flores y Catalina Anguita, creadores del proyecto. (Foto: Twitter)

Además, con indicadores de empleo que muestran una cesantía mayor que el promedio nacional (INE, 2017), prolongando una tendencia que lleva más de un año; y promedios de los salarios de dos de las cuatro principales ocupaciones por debajo de los $300.000 (Observatorio laboral Antofagasta); la llamada “perla del norte” está lejos de ser una ciudad desarrollada.

En general, la percepción que tienen sus habitantes, desarraigados del lugar, es que no pertenecen a Antofagasta. Al parecer, no hay mayor conexión con una ciudad que ha crecido en forma desorganizada, que presenta problemas viales, calles sucias y falta de áreas verdes y lugares públicos para el esparcimiento. Y el entorno tampoco lo hace mejor, al encontrar playas hermosas llenas de basura y quebradas transformadas en vertederos, entre otros aspectos que se pueden observar tras un rápido paseo por la ciudad y sus alrededores. Así, la percepción generalizada es que muchos de los habitantes de Antofagasta no quieren a la ciudad en la que viven.

Sin embargo, pese a este desalentador panorama, Antofagasta vive actualmente un verdadero boom de la innovación social. Los casos de Pedro Ziede y Elias Jara son sólo un ejemplo de esta tendencia.

¿Qué se entiende como innovación social? Para Corfo, el concepto tiene que ver con una solución novedosa para un problema social, que crea valor para la sociedad en su conjunto. Y eso es lo que ha florecido en el último tiempo en Antofagasta, que se ha transformado en tierra fértil para personas anónimas que quieren hacer algo por la gente, por la comunidad y por el entorno en el que viven. Desde mejorar la salud, combatir la drogadicción, potenciar el arte, o rescatar el patrimonio histórico, entre muchos otros, los proyectos que se están desarrollando en la región abarcan una serie de ámbitos de la vida cotidiana.

Algo está pasando

Uno de los principales impulsores de la innovación social en Antofagasta ha sido la Fundación Minera Escondida (FME), especialmente desde el año 2013, cuando lanzó el concurso “AntofaEmprende”. La iniciativa -que funciona como un capital semilla para emprendimientos sociales- ha apoyado y financiado 32 proyectos sociales hasta la fecha, entre los que se encuentran precisamente los ya mencionados Sembrando Salud y En los ojos de mi madre.

En paralelo, a fines de 2015, diversas entidades regionales impulsaron la firma del llamado “Pacto por la innovación social”, una iniciativa que también contó con la participación de FME, además de Creo Antofagasta, Corfo y Región Fértil. La iniciativa involucró a las universidades de la zona, varias secretarías regionales ministeriales, la Asociación de Industriales de Antofagasta (AIA), Sercotec, y la incubadora de negocios Incuba2, entre otras organizaciones. ¿Resultados? Se creó una mesa de trabajo que reúne mensualmente a más de treinta instituciones, emprendedores, estudiantes y personas ligadas al mundo del emprendimiento.

“La idea es que no se diluya el esfuerzo. Entre todos tenemos que sacar el mayor provecho para mejorar nuestra comunidad, porque acá 2 + 2 no suma cuatro. Los resultados han sido absolutamente positivos y espero que podamos dar el ejemplo para inspirar políticas públicas”, destaca José Antonio Díaz, director Ejecutivo de Fundación Minera Escondida.

Pero eso no es todo. En 2016, Corfo abrió el concurso “Prototipos de innovación social”, que adjudicó un tope de $40 millones a diversos proyectos que se orientaban a este ámbito en algunas regiones del país, incluyendo a Antofagasta.

Esta suma de iniciativas elevó el interés de jóvenes y adultos por hacer algo por su región. Así, apoyados por universidades y organismos públicos y privados, no son pocos los que están trabajando para romper el estigma del antofagastino desinteresado, apático e individualista. Una tendencia que es valorado desde el municipio, que ve en estos anónimos ciudadanos un rol clave “para la construcción de la sociedad, principalmente develando problemáticas que se viven en las poblaciones”, según destaca la alcaldesa de la ciudad, Karen Rojo.

“Pero más importante aún, y es lo que hace tan noble su labor, como es el caso de Elías Jara y Pedro Ziede, se involucran a tal grado que ellos son parte de la solución”, agrega la jefa comunal de Antofagasta.

El “Silicon Valley” de la innovación social

Las diferentes instituciones que apoyan a estos emprendedores han apostado por la escalabilidad de sus proyectos, empaquetando programas como el que lidera Elías Jara, para favorecer su replicabilidad, o incorporando tecnologías para innovar y expandirse al mundo.

En este sentido destaca un proyecto desarrollado por tres ex alumnas de la Universidad Católica del Norte (UCN), que desarrolla tecnologías inclusivas para facilitar el día a día de personas en situación de discapacidad. Se trata de “IncluNova”, una startup desarrollada por Catalina Anguita, Estefanía Flores y Arturo Espinoza que en poco tiempo ha sumado a diversas instituciones, entre las que destaca la Agrupación de Ciegos y Disminuidos Visuales de Antofagasta.

El alcance del proyecto es promisorio. De hecho, la iniciativa fue presentada en Nueva York -gracias al financiamiento otorgado por Corfo y el Laboratorio USQAI de la UCN- y hoy se encuentran ad portas de lanzar el servicio “Pasos App”, una aplicación que orienta a las personas ciegas en determinados lugares. La UCN es su primer cliente, y pronto podrían sumarse más, ya que esperan lanzar pronto el proyecto en el resto del país, y por qué no, en otras partes del mundo.

Pese a los generosos recursos que entrega la minería, Antofagasta sólo se ubica en el lugar 28 a nivel nacional en calidad de vida. (Foto: Diego Lazo)

Pese a los generosos recursos que entrega la minería, Antofagasta sólo se ubica en el lugar 28 a nivel nacional en calidad de vida. (Foto: Diego Lazo)

“El hecho de que la gente esté haciendo cosas por los demás provoca que este movimiento tenga que ser escuchado por las autoridades y las empresas. Acá hay ideas buenas y eso nos hace creer que podemos hacer cosas importantes. Si Antofagasta continúa avanzando a esta velocidad, con el Estado y los privados involucrados como lo están ahora y si le seguimos metiendo plata, vamos a crear soluciones para el país. Y no me extrañaría que de aquí a diez años más seamos un ‘Silicon Valley’ de la innovación social”, asegura Elías Jara.

Hacia la sostenibilidad

En Chile, la piedra de tope del emprendimiento social está en los modelos de negocios. De acuerdo al estudio “Estructura y dinámica del emprendimiento social en Chile”, de la Universidad del Desarrollo, en 2015 solo el 57% de los emprendimientos sociales generó dinero, promediando ingresos mensuales de $1,5 millones, entre ventas, donaciones y fondos públicos.

Con este escenario, las instituciones que apoyan emprendimientos sociales están conscientes que se debe trabajar de manera conjunta con los propios emprendedores y otras entidades para superar las dificultades, y así no perder el impulso que han tenido este tipo de proyectos en zonas como Antofagasta.

Por eso, desde la Fundación Minera Escondida explican que una vez que se trabaja la motivación, la educación y el financiamiento, se hacen cargo del proyecto “de una manera asociativa”, cautelando que las iniciativas lleguen a buen puerto. “Pero ese ejercicio necesita de la contraparte, el emprendedor, y les hacemos entender que ese proyecto se tiene que transformar en algo tangible, más grande, donde el producto o servicio que venga impacte positivamente. Así nos alejamos del carácter asistencialista para transformarnos en socios”, precisa José Antonio Díaz, director Ejecutivo de FME.

¿Y qué viene ahora? Una vez logrado el interés y la proliferación de proyectos sociales que se ha dado en Antofagasta, es claro que el siguiente paso tiene relación con la sostenibilidad de estos emprendimientos. Es decir, que el Estado y los privados crean en estas iniciativas y, además de ser instituciones que apoyan a los emprendedores, se transformen en sus clientes.

Pero también se necesita que los emprendedores sean igual de creativos para desarrollar modelos de negocios y estas nuevas empresas logren sostenerse en el tiempo, generando nuevos emprendimientos que transformen a Antofagasta, por fin, en una región desarrollada. Económica y socialmente.

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