Fernando Pino: Toda una vida en la minería

(Foto: IIMCh)

(Foto: IIMCh)

Amante de las matemáticas, cambió su temprano deseo de ser profesor para ser ingeniero de minas, pasando 30 años en faena y otros 20 en oficinas de empresas de ingeniería. Fue protagonista en el diseño del mítico Convertidor Teniente, y hoy, tras más de medio siglo de profesión, se prepara para lanzar un libro sobre números primos.

Revista Nueva Minería y Energía

Joaquín Ruiz
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Si hay algo que apasionaba a Fernando Pino cuando estaba en el colegio eran los números. Álgebra, cálculo, ecuaciones y fórmulas despertaron tempranamente su interés por el mundo de las matemáticas, lo que fue confirmado -y con honores-, cuando le correspondió dar el Bachillerato, la entonces prueba de selección universitaria, en la que obtuvo distinción máxima.

Decidido a ser profesor de matemáticas, cuando llegó el momento de elegir qué carrera estudiar, dice que fue “convencido” que era mejor estudiar ingeniería. Y así fue.

En 1957 entró a la Escuela de Ingeniería de la Universidad de Chile, donde destacó desde un comienzo por su brillante desempeño académico, que le valió ser becado “con alimentos y con dinero”, según recuerda.

Al llegar a tercer año, optó por la especialidad de minas simplemente porque ahí estaban sus amigos, como Bruno Behn, Eugenio Rodríguez, Hermann Schwarze, y Rodrigo Segovia, entre otros que formaron parte de esa exitosa generación.

Después de egresar, en 1962, comenzó una larga y fructífera carrera profesional que lo llevó a estar tanto en el “cerro”, directamente en faena, como en oficinas de empresas de ingeniería.

Destacada trayectoria

“Ser ingeniero de minas ha sido casi mi vida completa”, reconoce, al recordar lo que han sido sus 54 años de profesión, y contando. Una trayectoria de gran experiencia y complejos desafíos que comenzó cuando recién hacía su tesis, en una planta regional de Vallenar. Al poco tiempo sería contratado por Enami, y con apenas 24 años fue designado como jefe de la planta Elisa Gordo para un reemplazo temporal.

“Ya en esa época tenía mucho interés en escuchar a los trabajadores y sus planteamientos sobre las mejoras que era necesario implementar en las plantas. Es decir, Fernando hacía participar a los trabajadores”, asegura Bruno Behn, amigo y compañero de generación.

Siempre en Enami, su siguiente destino fue la planta de Illapel, donde también fue jefe, y luego emigraría a la Planta Matta, donde se desempeñó como administrador.

Su período en Enami concluiría en la fundición Paipote, donde trabajó como ingeniero de producción. En esos años, también se dedicó a hacer clases en la entonces sede regional de la Universidad Técnica del Estado, actual Universidad de Atacama.

Fernando Pino (tercero de izquierda a derecha) junto al entonces ministro de Minería, Alejandro Hales.

Fernando Pino (tercero de izquierda a derecha) junto al entonces ministro de Minería, Alejandro Hales.

En 1969 fue contratado por la división El Teniente, donde se reencontró con su compañero de curso, Hermann Schwarze, con quien trabajó intensamente en el desarrollo del ya mítico Convertidor Modificado Teniente.

“Esta es una época muy importante para Fernando porque inspirado en las enseñanzas del profesor Carlos Díaz, aplicó junto a Hermann Schwarze muchos de los conceptos que se enseñaron en los cursos de la universidad”, destaca Bruno Behn.

Después de la inolvidable experiencia de El Teniente, la trayectoria de Fernando Pino siguió como gerente de Operaciones en la Compañía Minera El Indio, lo que le permitió conocer de cerca la minería del oro y del arsénico.

Su siguiente paso fue El Salvador, a comienzos de la década de los 90, convocado por otro compañero de curso, Bruno Behn para participar en un proyecto de recuperación de minerales oxidados.

“Fue un proyecto extraordinariamente exitoso que estuvo 70% bajo el costo presupuestado. Y todo esto en el tiempo estipulado. Entonces fue muy valioso ver la capacidad de Fernando de juntar jóvenes, de enseñarles, dirigirlos, liderarlos y de sacar adelante en forma exitosa un proyecto de 25.000 toneladas de cátodos al año, en tiempo récord, con un precio muy inferior al que tenían presupuestado y con una eficiencia notable”, recuerda Behn.

Posteriormente se dedicó a la consultoría, principalmente en la firma Jacobs, desde donde estuvo involucrado en muchos de los proyectos mineros desarrollados en los últimos años, como RT, Spence, y ampliaciones de Escondida, entre otros.

Toda esta trayectoria se complementa, además, con diferentes entrenamientos prácticos que realizó en Bélgica, Japón, Canadá, Estados Unidos, Sudáfrica y México, donde perfeccionó sus conocimientos, siempre acompañado de su esposa, con quien suma 52 años de matrimonio, además de 3 hijos, 7 nietos, y 3 bisnietas.

Y si bien la minería ha sido parte fundamental de su vida, hoy también hay otras materias que lo entusiasman, como la historia de las religiones, la economía, y los números primos. Tan en serio se ha tomado este último tema que ya tiene casi listo un libro que espera lanzar próximamente. “Espero poder publicar el libro el próximo año con los resultados de esa investigación, que me parece que son, algunas de ellas, bastante novedosas”, asegura.

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