¿Es la desalación de agua de mar una opción adecuada?

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“Tecnológicamente, la desalación de agua de mar ha alcanzado una madurez que puede satisfacer las necesidades de agua a gran escala”.

Por Aldo Saavedra
Investigador del Laboratorio de Procesos de Separación por Membranas, LabProSeM, de la Universidad de Santiago
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Nuestro planeta posee grandes cantidades de agua, que se estiman en unos 1.400 millones de kilómetros cúbicos. De ese volumen, el 97,2% es agua salada, cuyos altos niveles de salinidad (cercanos al 4%) no la hacen inmediatamente disponible para el consumo humano, riego agrícola y procesos industriales. El 2,8 % restante es agua dulce o de baja salinidad. De este porcentaje, cerca del 77% corresponde a agua congelada en polos y glaciares, por lo que menos del 1% es “directamente” aprovechable.

Para cuantificar la disponibilidad de agua, las Naciones Unidas emplea un parámetro que se expresa en m³/habitante•año (m3h-a). De acuerdo con esto, el flujo mínimo requerido para el sustento de ciclos naturales y las actividades humanas se estima en 2.000 m³h-a. Nuestro país exhibe una disponibilidad promedio cercana a los 50.000 m³h-a, lo cual da cuenta de que poseemos grandes volúmenes del recurso hídrico, pero con desigual distribución geográfica.

Por ejemplo, en las regiones de Antofagasta y Atacama, donde se concentra el mayor porcentaje de actividad minera, la disponibilidad de agua es inferior a 200 m³h-a. La minería consume agua en volúmenes que representan el 9% de la demanda total nacional. A modo de ejemplo, datos de Cochilco indican que el consumo anual para la producción de cobre se aproxima a los 600 millones de metros cúbicos, cantidad que se proyecta en aumento.

Frente a esta realidad, ¿cuáles son las alternativas para abastecerse de agua dulce? La respuesta se encuentra en la desalación de agua de mar, cuyos volúmenes de producción diaria a nivel internacional ya superan los 85 millones de metros cúbicos. Tecnológicamente, la desalación de agua de mar ha alcanzado una madurez que puede satisfacer las necesidades de agua a gran escala.

En este sentido, la purificación de agua mediante el proceso de osmosis inversa se ha demostrado como la tecnología más ventajosa desde el punto de vista técnico-económico, respecto de los procesos térmicos convencionales. Es por ello que resultaría conveniente que las empresas del sector dirijan sus esfuerzos a este proceso.

Esta industria, al igual que otros sectores productivos, tiene la responsabilidad de contribuir al país con este tipo de decisiones que pueden parecer acotadas. Pero uniendo esfuerzos entre empresas de manera integral y estratégica, el proceso de desalación puede ser un gran paso para el país, al aportar soluciones concretas al problema hídrico que día a día evidenciamos.

Chile cuenta con diversas plantas desaladoras que están produciendo importantes volúmenes de agua purificada para la población y el sector productivo. Algunas proyecciones indican que para fines de la década se estará purificando diariamente cerca del millón de toneladas de agua, cifra que da cuenta de la gran relevancia de la desalación como la alternativa para apoyar el desarrollo económico y social de nuestro país.

Sin embargo, existen externalidades, tales como rechazos salinos, aguas de limpieza provenientes del proceso de desalación y otros, que requieren ser considerados y minimizados mediante el apropiado manejo y tratamiento de tales descargas.

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