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Electromovilidad, una apuesta país

25 junio, 2018
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(Ilustración: Fabián Rivas)

(Ilustración: Fabián Rivas)

Una nueva puerta de crecimiento económico podría abrirse para Chile gracias a la electromovilidad, considerando que el país es uno de los principales productores de cobre y con potencial en el litio, dos bienes esenciales para el desarrollo de esta apuesta, que busca la adopción de vehículos más amigables con el medioambiente.

Por Daniela Tapia
Revista Nueva Minería y Energía
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Hace apenas cinco años, pocos hubieran pensado que la energía solar, que en ese tiempo representaba menos del 1% de la matriz de generación del país, se multiplicaría por 10 en media década. Y probablemente no eran muchos los que apostaban en esos días que las Energías Renovables No Convencionales iban a lograr el nivel de penetración que hoy evidencian, y que ya alcanza al 19%.

Este mismo fenómeno se repite hoy con la movilidad eléctrica. Aunque a nivel global la electromovilidad sigue teniendo una baja participación, en torno al 1,1%, al igual que en el caso de los paneles solares existe un fuerte apoyo internacional, a través de regulaciones y normativas que empujan a la industria automotriz a desarrollar tecnologías de transporte más limpias y eficientes.

Y si bien es cierto hoy la penetración de este tipo de transporte en Chile también es baja, las proyecciones apuntan a un fuerte crecimiento en las próximas décadas.

Uno de los primeros pasos que se han dado para avanzar en esta dirección es la Estrategia Nacional de Electromovilidad, la cual fue presentada a fines del año pasado y que establece que de cara al 2050, la totalidad de los buses serán eléctricos. Así, Chile seguiría los pasos de otros países que le han puesto fecha de término al motor de combustión.

China ya anunció que pondrá fin a la producción y venta de vehículos de combustión interna en una fecha aún por definir; Francia prohibirá su venta en 2040, Alemania en 2030 y Holanda en 2025. Mientras tanto, algunas marcas de autos también anunciaron el fin de su producción en esta línea.

De acuerdo a la estrategia de electromovilidad, al 2050 el parque de vehículos livianos debería estar conformado en un 40% por vehículos eléctricos, y la matriz de generación eléctrica tendría que estar compuesta por más de un 70% de energías renovables. En este sentido, se proyecta que el ingreso de vehículos eléctricos evitará 11 millones de toneladas de CO2 al año y reducirá el gasto en energéticos del país en más de US$3.300 millones anuales, lo que equivale a cerca de un 1,5% del PIB del 2016, mejorando de este modo la productividad de las empresas y la calidad de vida de las personas.

Visiones favorables

Desde el Ministerio de Energía creen que la movilidad eléctrica tiene múltiples beneficios, entre ellos mejoras en la salud de la población por la menor contaminación, mejoras en la economía y disminución de la dependencia energética.

“Estos vehículos pueden llegar a ser hasta 4 veces más eficientes que los convencionales, son más silenciosos, requieren menos mantención, y son más limpios. En Chile, considerando nuestra matriz de generación, un vehículo eléctrico emitiría cerca de un tercio de las emisiones de CO2 en comparación a un vehículo convencional”, señala la ministra de Energía, Susana Jiménez.

Estas ventajas también son destacadas por Jaime Alée, asesor senior adjunto en innovación en baterías de litio y electromovilidad del Centro de Energía de la Universidad de Chile. Para el experto, el impulso de la electromovilidad traería beneficios al país si se acompaña con una política energética coherente, ahorro de energía para el país (eficiencia energética) y un impacto en las emisiones de gases efecto invernadero (GEI).

“Colateralmente, al apostar por esta alternativa implicaría subirse desde el inicio a modelos de negocios, tecnológicos e industriales de los próximos 10 años, con oportunidades de desarrollar industrias disruptivas”, dice el investigador.

Que Chile se sume entonces a la tendencia internacional de adoptar vehículos más amigables con el medioambiente es el objetivo que está promoviendo el Ministerio de Energía a través de la Ruta Energética, documento que el gobierno lanzó a fines de mayo de este año, y que busca precisamente el desarrollo de la electromovilidad, entre otros lineamientos.

El desafío, expresado en el documento, apunta a aumentar en al menos 10 veces el número de vehículos eléctricos que circulan en el país, para lo cual se pretende promover la movilidad eléctrica tanto en el transporte público como en otras flotas de vehículos de uso intensivo.

Otras propuestas van más allá. En la presentación del estudio “Escenarios de usos futuros de la energía eléctrica en Chile”, realizado en agosto del año pasado, se destacó la idea de que el Transantiago pueda ser totalmente eléctrico al 2031.

“Si bien se requiere una inversión inicial adicional de cerca de US$1.500 millones, en lo operacional reducirá significativamente sus costos alcanzando ahorros por US$140 millones al año, al mismo tiempo que contribuirá a disminuir la contaminación en la Región Metropolitana y aportará al cumplimiento de los compromisos de Chile en el Acuerdo de París sobre las emisiones de cambio climático”, enfatiza el presidente ejecutivo de la Asociación de Generadoras, Claudio Seebach.

Lo mismo ocurre en el caso de los taxis. Si bien significa un costo mayor (unos $24 millones para un vehículo eléctrico versus los $10 millones que cuesta en promedio un auto a combustible), un taxista podría recuperar la inversión adicional en un período de entre tres y cuatro años, debido a que el rendimiento del vehículo eléctrico es de $17/km, mientras que en uno a bencina es de $63/km. De esta manera, un estanque en un vehículo a combustible que hoy se llena con $31.500, en uno eléctrico su costo es de $8.500.

“Hoy podemos decir que un taxi eléctrico es un buen negocio. Si tomamos en cuenta que en promedio un taxi recorre 90 mil kilómetros al año, con este nivel de rendimiento, el ahorro es de $5 millones anuales por la diferencia de cargar un auto con electricidad en vez de combustible, sumando además los menores costos de mantención de un vehículo eléctrico”, agrega el máximo representante de la asociación.

Frente a ello, la ministra de Energía, Susana Jiménez, sostiene que ya están trabajando para disponer de las regulaciones y requerimientos necesarios para poner en marcha la electromovilidad.

Los vehículos eléctricos pueden llegar a ser hasta 4 veces más eficientes que los convencionales (Foto: Elect-expo)

“Coordinaremos esfuerzos con diversos actores públicos y privados para desarrollar experiencias replicables en flotas de taxis, taxis colectivos, buses y flotas comerciales de distribución de bienes y servicios, dado que es en este tipo de vehículos, de alto recorrido anual, donde existe mayor potencial para introducir esta tecnología en primera instancia”, explica la secretaria de Estado.

También desarrollarán una plataforma web en torno a la electromovilidad con información relativa a tecnologías vehiculares, infraestructura de carga, sistemas de comunicación ad hoc, costos de inversión, costos de operación, requerimientos de mantención y eficiencia energética, entre otras variables necesarias para la toma de decisiones en relación a esta opción.

Oportunidades para el país

Y es que la electromovilidad también representa una oportunidad única para el país: la posibilidad de tener una economía de escala que permita, en una primera instancia, fabricar materia prima para las baterías que requieren los vehículos eléctricos y quizás a futuro, hablar de fábricas para este tipo de autos.

Es que Chile, al ser un país líder en producción de cobre y con un gran potencial en el litio, tiene mucho que decir al respecto. Ambos minerales son considerados como bienes esenciales para el desarrollo de la electromovilidad, lo que pone al país en una situación de privilegio para el desarrollo de estas tecnologías.

Según explica Álvaro Merino, gerente de Estudios de Sonami, Chile posee las mayores reservas del mundo en estos dos minerales, que, de acuerdo al Servicio Geológico de Estados Unidos, actualmente es de un 47% en el caso del litio y 22% en el cobre.

En el caso específico del litio, Chile tiene un rol importante en la producción de este mineral, ya que en el Salar de Atacama están las mayores y mejores reservas del mundo. ¿La razón? Las salmueras de este salar poseen altas concentraciones de litio, lo que constituye una ventaja competitiva relevante respecto de otras regiones del mundo sumado a los bajos costos de procesamiento, debido a su buena distribución de iones.

“El Salar de Atacama tiene excelentes índices de evaporación y permite operar todo el año debido a sus excepcionales condiciones climáticas, lo que junto a la cercanía a los puertos, lo sitúan como la más relevante fuente para obtener litio a nivel mundial”, asegura Álvaro Merino, gerente de Estudios de Sonami.

Sin embargo, el ejecutivo advierte que el país ha ido perdiendo importancia en la producción de este mineral a nivel mundial, ocupando el segundo lugar después de Australia.

Pese a esta realidad, Merino cree que como actor relevante en la producción mundial de cobre y de litio, Chile debe aprovechar la ventana de oportunidades que se abre con el crecimiento de la demanda de estos productos con la electromovilidad.

Un ejemplo del rol del cobre en este mercado lo dio Antofagasta Minerals. La minera del grupo Luksic fue el principal auspiciador de la Fórmula E que se realizó por primera vez en Chile a comienzos de febrero. De hecho, la firma adquirió los derechos del nombre para la prueba inaugural Antofagasta Minerals Santiago E-Prix 2018. La intención detrás de esta iniciativa: acelerar la masificación de los vehículos eléctricos en el país, según la visión del grupo minero.

En este escenario, haciendo una comparación, un vehículo convencional utiliza 24 kilos de cobre, un híbrido 38 y un eléctrico 70. Y como este año se van a producir unos 90 millones de vehículos en total, sólo por este concepto se demandarán 2.300.000 toneladas de cobre, es decir, un 10% del consumo mundial.

“Para el presente año se estima una producción de 2 millones de vehículos eléctricos, que requerirán alrededor de 140 mil toneladas de cobre, en tanto que para el año 2028 se proyecta una producción de 20 millones de vehículos eléctricos, que van a requerir 1.400.000 de toneladas de cobre. Es decir, sólo por este concepto, el consumo actual se multiplicará por diez”, sostiene el ejecutivo de la Sonami (ver infografía).

Adicionalmente, para producir los vehículos eléctricos que se proyectan para el año 2028 se necesitarán alrededor de 500 a 600 mil toneladas de carbonato de litio. Y en sólo 7 años, se estima que cerca del 40% de la producción mundial de litio se destinará a vehículos eléctricos.

Pero Merino hace una diferencia entre el litio y el cobre, ya que son dos mercados de diferente tamaño. Las cifras así lo revelan. La producción mundial de litio, medido como carbonato de litio equivalente, es del orden de 220.000 toneladas, de las cuales Chile produce un 36%, estimándose un mercado de US$2.600 millones. En tanto, la producción mundial de cobre es de 23 millones de toneladas, estimándose un mercado de US$140.000 millones, es decir, 54 veces el tamaño del mercado del litio.

En el caso de Chile, en el año 2017 los envíos al exterior por concepto de litio alcanzaron a US$ 700 millones, mientras que en el caso del cobre, llegaron a US$35.000 millones, esto es, 50 veces el producto no metálico.

Un punto de vista distinto tiene Jaime Alée, del Centro de Energía de la Universidad de Chile, quien asevera que para el desarrollo de la electromovilidad no se requiere la explotación de litio.

“Los países líderes en electromovilidad en el mundo no producen litio. Tampoco para electrificar un país se requiere producir cobre ni para producir autos se necesita fabricar aluminio”, expresa el especialista, añadiendo que el litio y el cobre son materias primas que se usan en algunas industrias, como la electromovilidad. “Son insumos y es un buen negocio, pero ello no implica que sea una condición para desarrollar esta industria”, aclara Alée.

Pero en lo que todos coinciden es que Chile debe sumarse al carro de la electromovilidad y aprovechar sus beneficios, no sólo en términos ambientales, sino que también en el plano económico. Y mientras antes lo haga, mejor.

“Estamos convencidos que la electromovilidad es el camino a seguir, para lo cual existen proyectos en curso enfocados al desarrollo de productos con alto valor agregado, como cátodos y celdas de baterías, que se espera nos posicionen en un ámbito más allá de tan sólo proveer las materias primas”, concluye la ministra de Energía, Susana Jiménez.

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