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El rol en la formación universitaria para enfrentar los desafíos de la industria

11 noviembre, 2018
Alvaro Videla opinion

Las universidades juegan un rol fundamental en la formación de personas con alto nivel de conocimiento. Hoy sus programas de pre y postgrado están en una etapa de profundos cambios, caminando con cuidado por un camino desconocido, pero convencidos en que es necesario avanzar.

Por Álvaro Videla, académico del Departamento de Ingeniería de Minería, Pontificia Universidad Católica de Chile.

La contribución de la industria minera al desarrollo de Chile es inobjetable. Pero el camino hacia el desarrollo requiere que nuestra comunidad minera siga creciendo en su aporte, incorporándose más fuertemente en el desarrollo de soluciones tecnológicas innovadoras para resolver nuestros problemas más complejos.

Una nueva solución con una base científica-tecnológica goza de un grado de diferenciación que permite al emprendedor tener una ventaja temporal, tiempo durante el cual puede consolidar su negocio y prepararse inmediatamente para seguir mejorando para enfrentar a su competencia.

En ese ciclo incesante de identificación de una oportunidad, creación, desarrollo y ejecución, se hacen necesarias capacidades humanas que permitan identificar la información correcta en una nube de información, que entiendan tecnologías complejas, que las adapten si es necesario, que creen nuevo conocimiento si es requerido, que identifiquen oportunidades, y que colaboren en la construcción de nuevas soluciones.

Las universidades juegan un rol fundamental en la formación de personas con alto nivel de conocimiento. Hoy sus programas de pre y postgrado están en una etapa de profundos cambios, caminando con cuidado por un camino desconocido, pero convencidos en que es necesario avanzar.

El programa de Ingeniería 2030 impulsado por Corfo, busca fortalecer la institucionalidad para que las Escuelas de Ingeniería evolucionen y tengan un mayor impacto en la sociedad. Es un desafío gigante que involucra articular capacidades educativas, de investigación e innovación, con las necesidades reales de una industria que se siente lejana y escéptica. Grandes avances se están lentamente instalando en estas materias.

En la dimensión de la formación, las instituciones están reformando sus programas de pre y postgrado para adaptarse mejor a una nueva economía, basada en el conocimiento. No tengo dudas de que estas personas contribuirán con nuevas miradas y nuevas soluciones a nuestra industria. Sin embargo faltan por hacer muchas más cosas.

Por ejemplo, la industria debe también percibir valor en la inserción de dichas capacidades, y las políticas gubernamentales deben cooperar en la construcción de un ciclo virtuoso que permita a las personas seguir creciendo en sus capacidades y, a su vez, les proporcioné oportunidades de insertarse en la economía, ya sea como un profesional avanzado o un emprendedor tecnológico.

Felicito a cada uno que ha abrazado desde su vereda el desafío, e invito a quienes no lo han hecho a cooperar con sus talentos. Es un esfuerzo donde nadie sobra y donde el resultado será entregar a Chile y sus habitantes mayores oportunidades para su futuro.

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