Biogás, la energía de los residuos

Sólo con la fracción biodegradable de la basura domiciliaria que todos desechamos diariamente, podríamos generar casi el 6% de la energía generada por el SIC en el 2016.

Por César Sáez,
Académico e investigador Facultad de Ingeniería, Universidad Católica de Chile
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La producción de biogás a partir de materiales biodegradables es un proceso que ocurre naturalmente, aunque en ausencia de oxígeno. Se produce por la acción combinada de diversos grupos microbianos, entre ellos bacterias, hongos, levaduras y actinomiscetos. Cada grupo microbiano realiza una acción sobre los materiales que degradan, transformándolos en compuestos cada vez más simples y que pueden ser utilizados por los grupos microbianos subsecuentes.

Por ejemplo, en el caso de la Biodegradación Anaeróbica de residuos que suelen ser susceptibles de descomposición en el ambiente, nombre formal para el proceso de producción de biogás, los compuestos orgánicos más complejos como proteínas, carbohidratos o lípidos, son descompuestos a compuestos más simples como aminoácidos, azúcares y ácidos grasos.

A su vez, estos compuestos son empleados por otros grupos microbianos transformándolos mayoritariamente en ácidos orgánicos. Finalmente, los ácidos orgánicos más pequeños como el ácido acético son transformados hasta metano y dióxido de carbono, constituyentes fundamentales de lo que se conoce como biogás.

Desde hace varias décadas los procesos tecnificados de producción de biogás han cobrado relevancia económica y ambiental. En efecto, en el viejo mundo comenzaron a emplearse digestores anaeróbicos para evitar dejar en el ambiente los productos de la ganadería, con una contribución relevante de estiércol vacuno, y así evitar la eutroficación de napas y cursos de agua. Subsecuentemente se emplearon para tratar la fracción biodegradable de los residuos sólidos urbanos de núcleos poblados, muchas veces en conjunto con residuos industriales de fácil descomposición.

El resultado de estas iniciativas fue la producción de energía como gas metano, junto a la reducción de la necesidad de gestionar grandes cantidades de residuos orgánicos biodegradables, con la producción de Digestato, denominación del producto estabilizado del proceso, útil como mejorador de suelos o materia prima para otros fertilizantes agronómicos.

Las oportunidades para nuestro país son enormes. El uso de residuos urbanos, industriales, aguas servidas y lodos orgánicos de diversa naturaleza reduciría la dependencia energética a nivel regional, reduciendo a su vez el consumo de combustibles fósiles, mejorando la calidad de vida de las personas al acceder a un tipo renovable de bioenergía como el biogás.

La estrategia para crecer en este sentido deberá basarse en el incentivo a iniciativas regionales, de grupos productores asociados y de su incorporación en la separación y recogida selectiva de residuos biodegradables para su aprovechamiento energético. Después de todo, sólo con la fracción biodegradable de la basura domiciliaria que todos desechamos diariamente, podríamos generar casi el 6% de la energía generada por el SIC en el 2016.

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