Actividad portuaria: Buscando llegar a buen puerto

(Foto: Puerto Angamos)

(Foto: Puerto Angamos)

El impacto más visible de la baja que ha experimentado el sector portuario durante el año pasado ha sido la disminución de la carga transferida en buena parte del 2016 respecto de los niveles alcanzados en 2014. Pero las mayores consecuencias de este escenario se han visto reflejadas en la baja de la transferencia de carga minera.

Daniela Tapia
Revista Nueva Minería y Energía
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El gran aumento de la actividad portuaria en el período 1994-2014 (5% anual), junto con la significativa inversión que se concretó en puertos públicos administrados por empresas portuarias estatales y en puertos privados de uso público, generó la necesidad de elaborar una estrategia de desarrollo clara para el sector.

Así fue como el gobierno decidió crear en noviembre de 2014 una comisión presidencial para elaborar una hoja de ruta para el sector al 2030, que pudiera constituirse en una plataforma estratégica del país para los puertos y su logística.

Tras poco más de un año de trabajo, el grupo de expertos presidido por el economista Álvaro Díaz entregó el informe en enero de 2016 a la Presidenta Michelle Bachelet, en el que se detectaron una serie de desafíos que debe enfrentar el sector.

Uno de los retos descritos en el documento apunta a incentivar nuevas inversiones en infraestructura de transporte en el país, dado el papel fundamental que desempeñan en el desarrollo de la cadena logística y portuaria.

Según indica el informe, Chile está acumulando un déficit creciente en infraestructura de transportes. Es más, no se dispone de estimaciones de requerimientos de inversión a 2030, pero la Cámara Chilena de la Construcción proyecta que en el período 2014 a 2023 se demandarían más de US$ 36.000 millones en infraestructura crítica para el desarrollo logístico y portuario.

Y es que el documento hace hincapié en la urgencia de constituir una Autoridad Nacional Logístico-Portuaria, con el fin de que adopte la forma de una nueva Subsecretaría del Ministerio de Transportes y Telecomunicaciones.

Uno de los problemas al que se le debe poner mayor atención es que las naves que recalan en los puertos chilenos están aumentando de tamaño, en línea con las tendencias mundiales.

De hecho, la autoridad marítima ya ha registrado buques por sobre los 9.000 TEU (Twenty-foot Equivalent Unit, unidades de contenedores equivalentes a 20 pies) en Iquique, Valparaíso, San Antonio y San Vicente. Este mayor tamaño de las naves cobra importancia ya que podría repercutir en las frecuencias y volumen de las operaciones, lo que podría incentivar la concentración del comercio de contenedores en pocos puertos, así como la concentración del mercado naviero, según advierte el informe.

Con este nuevo panorama, se hace necesario que varios puertos del país mejoren significativamente la infraestructura y conectividad con los agentes de la cadena logística y los usuarios, para así alcanzar estándares de países desarrollados de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

Consecuencias de la actividad minera

A la par de este diagnóstico, las aguas también han estado agitadas en los principales puertos del país en el último tiempo, salpicando en sus resultados y poniendo a prueba las estrategias de innovación y desarrollo de la actividad portuaria local.

Los puertos de la zona norte del país, marcadamente mineros, han sentido el impacto del malo año de la minería. En la foto, el puerto de Iquique. (Foto: Puerto Iquique)

Los puertos de la zona norte del país, marcadamente mineros, han sentido el impacto del malo año de la minería. En la foto, el puerto de Iquique. (Foto: Puerto Iquique)

El impacto más visible ha sido la disminución de la carga transferida en buena parte del 2016 respecto de los niveles alcanzados en 2014. Durante el año pasado, las cargas de exportación presentaron una disminución cercana al 10% en el primer semestre, mientras que las importaciones mostraron un pequeño repunte respecto al 2015, con un crecimiento cercano al 3%.

Sin embargo, las mayores consecuencias de este escenario se han visto reflejadas en la baja de la transferencia de carga minera producto del desplome del precio del cobre y del resto de los commodities en los mercados internacionales.

Los puertos de la zona norte del país, marcadamente mineros, han recibido los “azotes” más fuertes de este fenómeno, donde la carga de graneles representa un 78% de la carga total en esta macro zona. Los números son concluyentes.

Desde la Cámara Marítima y Portuaria de Chile (Camport) sostienen que en el trimestre móvil febrero-abril del 2016, el terminal de Mejillones exhibió una caída de 21% por el descenso en las importaciones de combustibles y productos químicos.

Puerto Angamos, en tanto, reflejó una merma de 31% en carga por menor internación de maquinarias y una baja en las exportaciones de cobre, mientras que en el caso del terminal de Antofagasta, el retroceso fue de 33% por este mismo factor. Las menores exportaciones de minerales también incidieron en que la carga disminuyera un 24% anual en Caldera y 75% en Coquimbo.

Si las estimaciones para la actividad minera se proyectan más positivas este año, ¿qué futuro le depara a los puertos? ¿Podrán exhibir mejores cifras este año a la par de un repunte que podría evidenciar la economía local?

Si bien aún es temprano para aventurar respuestas, por ahora las expectativas están puestas en el mejoramiento del escenario económico nacional, lo que podría repercutir en mejores cifras para todo el rubro portuario.

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