MINERIA Y MEDIO AMBIENTE

Chile sigue enfoque caso a caso para aguas ácidas

Actualmente existe el desafío regulatorio de cómo abordar ciertos drenajes en la minería, los que se denominan aguas de contacto o drenajes de mina.

 

La contaminación química de las aguas representa una amenaza para el medio acuático por su toxicidad, por su acumulación en el ecosistema, por la potencial pérdida de hábitat naturales, así como por la amenaza para la salud humana.

Parte del progreso como sociedad se mide en cómo avanzamos en identificar las causas de la contaminación y cómo tratamos sus fuentes de la forma más eficaz en términos económicos y ambientales.

La definición de la calidad de nuestras aguas no es objetiva, sino que es una definición social, dependiendo del uso deseado.

Los diversos instrumentos de gestión ambiental (políticas públicas, normas de emisión, planes, permisos, evaluaciones de impacto ambiental etc.) son herramientas, medios para alcanzar o mantener un fin u objetivo, en este caso, la calidad ambiental deseada para las aguas superficiales.

Normas de emisión v/s Normas de calidad

Una norma de emisión de contaminantes a aguas superficiales, que establece cuántos miligramos por litro pueden estar presentes en un vertido, hace una apuesta ya que supone que esos miligramos en un litro, y a su vez, que esos cientos o miles de litros vertidos (la norma no sabe qué cantidad) pueden causar cierto impacto en el medio circundante. Regula sin información suficiente, especialmente cuando busca preservar la calidad ecológica o el uso potencial del medio acuático.

La norma tampoco sabe cuántas fuentes hay. No es lo mismo un solo vertido en un cuerpo de agua (a igual nivel de emisión), que diez, o mil fuentes emisoras.

Como mecanismo regulatorio, la norma de emisión es un medio, no un fin.
La norma de calidad, en cambio, apunta a ese fin, es decir, a la calidad deseada.

Con una pipeta, (para graficar esta situación) se puede tomar, medir y comparar la realidad de ese cuerpo de agua y los valores máximos que la norma espera encontrar. Esta norma de calidad de aguas tampoco tiene información completa, ni lo presume.

No sabe cuántas fuentes hay en la zona, no conoce sus caudales, no conoce el medio específico (especies acuáticas y usos del medio).

La norma de calidad apunta al fin deseado, pero no necesariamente lo consigue.

Si al ver los resultados de la medición en la pipeta, los valores se ven sobrepasados, la norma (y sus intérpretes) no saben quien es el responsable de esta infracción.

Tampoco hay una consecuencia normativa inmediata.

La consecuencia posible de sobrepasar una norma de calidad es la eventual declaración de zona saturada, y la generación a posteriori de un plan de descontaminación, para sindicar responsables, gravarlos con límites y restricciones y apuntar, gradualmente, a recuperar o alcanzar la calidad ambiental deseada. Es un largo camino antes de empezar a actuar sobre el problema.

Drenajes ácidos de mina

En este contexto, (normas de emisión y de calidad) se ha planteado el desafío regulatorio de cómo abordar ciertos drenajes en la minería, a los que aquí se les denomina aguas de contacto o drenajes de mina, como son conocidas en la literatura especializada. No se trata de vertidos industriales de carácter puntual.

Corresponden a aguas que tienen PH bajo -ácidas- y con una carga de metales que se generan por arrastre al infiltrarse las aguas lluvia y deshielos a través de minas subterráneas, a rajo abierto, depósitos de lastre, etc.

Por su origen, la mayor parte de los drenajes de mina presenta grandes volúmenes estacionales y sus contenidos de metales pueden modelarse, pero no necesariamente anticiparse, pues dependen de la geología local. Generalmente la acidificación del agua es provocada por los súlfuros presentes, lo que incide en el contenido de metales y sales. Estas descargas pasan a formar parte del ciclo hidrológico y pueden afectar otros ambientes acuáticos aguas abajo.

Este es un problema más común de lo que se piensa. La cuenca del río del Dal, en Suecia, por ejemplo, es considerado un área emblemática en este tema debido a extensa depositación actual e histórica de aguas mina en tributarios de éste, tanto en el río, y por esta vía, en el mar Báltico. Otro caso emblemático es el Río Tinto, en España, cercano a yacimientos mineros explotados desde la época romana. Existen más de 10.000 minas activas, cerradas y abandonadas que descargan aguas contaminadas en Europa.

¿Cómo regula Europa sus drenajes de mina?

La normativa relativa a aguas mina difiere sustantivamente y los únicos países donde explícitamente son cubiertas son el Reino Unido, la República Checa y Austria.

Sólo en algunos casos existen estándares legales de calidad ambiental para regular estas descargas mineras (República Checa, Polonia), mientras en otros casos solo se usan guías de referencia (Alemania).

La mayor parte de estos países toma en cuenta la naturaleza de la actividad minera, con diferentes condiciones mineralógicas o geológicas en cada caso particular.

Los valores de vertido específicos son establecidos en decisiones caso a caso.

Directiva Europea 2008

La reciente directiva europea relativa a las normas de calidad ambiental en el ámbito de la política de aguas, de 2008, que busca eliminar o reducir gradualmente las emisiones de trece sustancias peligrosas prioritarias en un plazo de veinte años, incluyendo sustancias tales como el plomo, el mercurio y el níquel, y deja abierta su regulación por bio-disponibilidad, pero no incluye el molibdeno, el cobre o los sulfatos, los que sí están al centro de la discusión de los drenajes de mina en nuestro país

Generalmente las descargas provenientes de minas a cuerpos de agua están controladas por autorizaciones específicas otorgadas por la agencia ambiental.

Estas autorizaciones de vertido se relacionan con la calidad, cantidad y régimen de descarga y condiciones de monitoreo. Donde existe minería activa -como en Finlandia- las descargas son tratadas, pero no existen estándares comunes para los componentes del agua.

Tratar los drenajes mina caso a caso, conforme a las mejores prácticas y con un análisis de riesgo, hace un gran sentido desde una perspectiva ambiental, económica y social. Al autorizar la actividad minera, se realiza un análisis preventivo de riesgo en el contexto de su evaluación ambiental.

Aquí la norma de calidad -legal o como guía- establece el parámetro de referencia, pero la autoridad toma en cuenta, caso a caso, el resto de las condiciones gravitantes a la hora de preservar el medio: la línea de base, el número de fuentes existentes, la hidrología, la geología circundante, los métodos de explotación, las variabilidades existentes en caudales, los otros usos del medio acuático.

Sopesando estos elementos, revisa y establece las medidas preventivas y adicionalmente establece las calidades, cantidades y cargas de contaminantes permitidas.

Las razones para este análisis caso a caso son:

- La evaluación ambiental puede, de manera preventiva, establecer medidas de específicas (captura de aguas de ingreso, pronunciarse sobre métodos de explotación minera o de depositación de residuos mineros masivos).

- Generalmente, los caudales asociados a la generación de drenajes mina presentan una alta variabilidad con períodos de punta, que hacen imposible manejar todo el caudal para su neutralización. Además estos drenajes experimentan un proceso natural de neutralización y depuración al mezclarse con aguas de cauces provenientes de zonas no mineralizadas. El análisis caso a caso se puede hacer cargo de mejor manera dónde y cuándo tratar -de manera activa o pasiva- los efluentes, cómo y dónde medir, tomando en cuenta las características del medio, la presencia de biota y los usos de los cuerpos de agua.

Este enfoque caso a caso, (y no sólo el establecer una norma de emisión única para todo el país) lleva a una mejor gestión ambiental de nuestras aguas.

Es el camino a seguir, el que ha utilizado Chile para evaluar y fiscalizar sus proyectos mineros y el que los países europeos y otros miembros de la OCDE han seguido en esta materia.


GERDAU AZA RETIRARA CHATARRA DE ACERO DESDE ESCONDIDA


Minera Escondida, una de las mayores mineras de cobre del mundo y, Gerdau AZA, el principal reciclador de chatarra ferrosa de Chile, llegaron recientemente a un acuerdo para recuperar los excedentes de acero que se acumulan en los patios de salvataje de esas faenas mineras y aquellos que se generaran en los próximos tres años.

Desde marzo de este año, Gerdau AZA comenzó a retirar y procesar esta chatarra. Se estima que con este proyecto se evitará que 200.000 toneladas de chatarra contaminen los suelos de la Segunda Región de Antofagasta.

Para Minera Escondida esta es la solución a un problema de larga data que además, le permite cumplir con a la legislación vigente al entregar sus residuos a un destino final autorizado. La operación de retiro de esta chatarra es dirigida desde el Centro de Reciclaje que esta empresa posee en Antofagasta, el que pone énfasis en el cuidado del medio ambiente la limpieza el desierto chileno.


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