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En esta Edición Nº10

 
MEDIO AMBIENTE Y DESARROLLO

 

 

Calentamiento global

Medición de la Huella de Carbono en Minería

Existe un largo camino por recorrer para incluir la variable del efecto de los gases invernadero dentro de las estrategias corporativas de muchas empresas mineras.

Los riesgos y las oportunidades que presenta el cambio climático, incluyendo el análisis del desempeño y el desarrollo de alternativas energéticas, no pueden quedar afuera de la mirada de la gestión empresarial.

Los riesgos físicos, como los eventos climáticos extremos o el cambio en la disponibilidad de agua, son los más atingentes a la actividad minera.

Sin embargo, del punto de vista de negocios mineros, los riesgos del cambiante contexto económico y de los requerimientos del mercado presentan altos desafíos en términos de gestión, adaptación e innovación.

La tendencia internacional indica que los mercados financieros son cada vez más sensibles a la temática ambiental, y han desarrollado exigencias e incentivos para que las empresas mejoren su desempeño ambiental, económico y social; mientras garantizan mayores retornos a los inversionistas.

Para ello, los inversionistas buscan comparaciones dentro del sector que les permitan identificar buenos desempeños en materia de sustentabilidad y destacar a las empresas que lo hacen mejor, otorgándoles el carácter de líderes.

Concientes de que las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) contribuyen al cambio climático, un gran número de empresas mineras en Chile han asumido el desafío de cuantificar y gestionar su huella de carbono.

Sin embargo, todavía existe un largo camino por recorrer para incluir esta variable dentro de las estrategias corporativas de muchas empresas mineras. Así entonces, es indispensable fomentar la adopción de estándares internacionales que ayuden a las empresas a gestionar sus emisiones y al mismo tiempo, faciliten una respuesta a las exigencias del mercado.

Mirada holística

En esta línea, al momento de comparar emisiones entre empresas surgen discrepancias que llaman a una definición metodológica uniforme y adecuada para la industria minera. El lenguaje común que plantean los protocolos internacionales para estimar emisiones GEI no ha sido interpretado de la misma manera entre empresas mineras, y se identifica fácilmente que las emisiones no están siendo estimadas bajo un mismo criterio.

Según el Protocolo de Gases de Efecto Invernadero, las emisiones de cada empresa se clasifican en tres alcances: Directas, Indirectas (asociadas al consumo eléctrico) y otras emisiones indirectas (asociadas al resto de la cadena de valor de la minería).

No hay grandes diferencias entre empresas, para el caso de los dos primeros alcances, sin embargo, los cálculos asociados al alcance tres permite extender o reducir los límites del inventario de manera voluntaria y arbitraria.

Dado que la actividad minera cuenta con un sinnúmero de contratistas y proveedores, las emisiones asociadas a éstos, al no estar en muchos casos bajo control financiero u operacional de las empresas, son incluidas en el inventario como “Otras emisiones indirectas” o simplemente excluidas del inventario.

Al comparar emisiones, lo que se debe tener en mente es el grado de externalización que presentan los procesos mineros, ya que al externalizar procesos, también se externalizan las emisiones asociadas, generando una distorsión en el cálculo final de la huella de carbono de la empresa. Se necesita, entonces una metodología común para la minería que refleje de manera real las emisiones asociadas a la producción, bajo una mirada holística que abarque todos los eslabones de la cadena productiva. Esta completa mirada de la actividad, permitirá tener inventarios de emisiones más completos, robustos y comparables, lo que se traducirá en una mejor gestión del carbono, extendiéndose a otras áreas de la empresa (ahorro de combustible, optimización de procesos, cambio de maquinarias, eficiencia energética, entre otros). Así entonces, las empresas podrán: conocer su contribución con el calentamiento global; gestionar sus emisiones de manera responsable, transparente y eficiente; y transformarse en un sello diferenciador en el mercado.

Una exitosa gestión de emisiones y un aumento de la eficiencia energética debe ser comunicado a las partes interesadas de manera transparente y efectiva mediante reportes que satisfagan las expectativas del público lector (público interesado).

En este sentido, iniciativas como el Carbon Disclosure Project, del cual PwC es asesor técnico, o el GHG Protocol Initiative, apuntan a desarrollar un lenguaje común para que las empresas puedan reportar a los inversionistas y otras partes interesadas, la magnitud de sus emisiones y, más importantemente, las medidas de gestión (reducción, mitigación y/o compensación) que han tomado.

Para ello, es importante incorporar la gestión de emisiones de GEI anticipando las exigencias de los accionistas, y adelantarse a los cambios venideros de una manera que agregue valor a la empresa. Internamente, las empresas deberán ser capaces de comprender sus inventarios de emisiones de tal modo que permitan su uso transversal en la empresa (gestión), siendo necesario que incorporen niveles de detalle que permitan desglosar emisiones a lo largo de toda la cadena productiva, destacando así aquellos procesos donde podrían surgir oportunidades de reducción.

Es por ello que el CO2 debe ser incorporado como una variable adicional en la evaluación de cualquier proyecto o iniciativa al interior de la empresa, entendiéndose como una nueva variable económica a la hora de hacer negocios.

Por Javier Obach y Pablo Necochea,
Sustainable Business Solutions, PricewaterhouseCoopers


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