Los riesgos y las oportunidades
que presenta el cambio climático, incluyendo
el análisis del desempeño y el desarrollo
de alternativas energéticas, no pueden
quedar afuera de la mirada de la gestión
empresarial.
Los riesgos físicos, como los eventos
climáticos extremos o el cambio en la disponibilidad
de agua, son los más atingentes a la actividad
minera.
Sin embargo, del punto de vista de negocios
mineros, los riesgos del cambiante contexto económico
y de los requerimientos del mercado presentan
altos desafíos en términos de gestión,
adaptación e innovación.
La tendencia internacional indica que los mercados
financieros son cada vez más sensibles
a la temática ambiental, y han desarrollado
exigencias e incentivos para que las empresas
mejoren su desempeño ambiental, económico
y social; mientras garantizan mayores retornos
a los inversionistas.
Para ello, los inversionistas buscan comparaciones
dentro del sector que les permitan identificar
buenos desempeños en materia de sustentabilidad
y destacar a las empresas que lo hacen mejor,
otorgándoles el carácter de líderes.
Concientes de que las emisiones de Gases de
Efecto Invernadero (GEI) contribuyen al cambio
climático, un gran número de empresas
mineras en Chile han asumido el desafío
de cuantificar y gestionar su huella de carbono.
Sin embargo, todavía existe un largo
camino por recorrer para incluir esta variable
dentro de las estrategias corporativas de muchas
empresas mineras. Así entonces, es indispensable
fomentar la adopción de estándares
internacionales que ayuden a las empresas a gestionar
sus emisiones y al mismo tiempo, faciliten una
respuesta a las exigencias del mercado.
Mirada holística
En esta línea, al momento de comparar
emisiones entre empresas surgen discrepancias
que llaman a una definición metodológica
uniforme y adecuada para la industria minera.
El lenguaje común que plantean los protocolos
internacionales para estimar emisiones GEI no
ha sido interpretado de la misma manera entre
empresas mineras, y se identifica fácilmente
que las emisiones no están siendo estimadas
bajo un mismo criterio.
Según el Protocolo de Gases de Efecto
Invernadero, las emisiones de cada empresa se
clasifican en tres alcances: Directas, Indirectas
(asociadas al consumo eléctrico) y otras
emisiones indirectas (asociadas al resto de la
cadena de valor de la minería).
No hay grandes diferencias entre empresas, para
el caso de los dos primeros alcances, sin embargo,
los cálculos asociados al alcance tres
permite extender o reducir los límites
del inventario de manera voluntaria y arbitraria.
Dado que la actividad minera cuenta con un sinnúmero
de contratistas y proveedores, las emisiones asociadas
a éstos, al no estar en muchos casos bajo
control financiero u operacional de las empresas,
son incluidas en el inventario como “Otras
emisiones indirectas” o simplemente excluidas
del inventario.
Al comparar emisiones, lo que se debe tener
en mente es el grado de externalización
que presentan los procesos mineros, ya que al
externalizar procesos, también se externalizan
las emisiones asociadas, generando una distorsión
en el cálculo final de la huella de carbono
de la empresa. Se necesita, entonces una metodología
común para la minería que refleje
de manera real las emisiones asociadas a la producción,
bajo una mirada holística que abarque todos
los eslabones de la cadena productiva. Esta completa
mirada de la actividad, permitirá tener
inventarios de emisiones más completos,
robustos y comparables, lo que se traducirá
en una mejor gestión del carbono, extendiéndose
a otras áreas de la empresa (ahorro de
combustible, optimización de procesos,
cambio de maquinarias, eficiencia energética,
entre otros). Así entonces, las empresas
podrán: conocer su contribución
con el calentamiento global; gestionar sus emisiones
de manera responsable, transparente y eficiente;
y transformarse en un sello diferenciador en el
mercado.
Una exitosa gestión de emisiones y un
aumento de la eficiencia energética debe
ser comunicado a las partes interesadas de manera
transparente y efectiva mediante reportes que
satisfagan las expectativas del público
lector (público interesado).
En este sentido, iniciativas como el Carbon
Disclosure Project, del cual PwC es asesor técnico,
o el GHG Protocol Initiative, apuntan a desarrollar
un lenguaje común para que las empresas
puedan reportar a los inversionistas y otras partes
interesadas, la magnitud de sus emisiones y, más
importantemente, las medidas de gestión
(reducción, mitigación y/o compensación)
que han tomado.
Para ello, es importante incorporar la gestión
de emisiones de GEI anticipando las exigencias
de los accionistas, y adelantarse a los cambios
venideros de una manera que agregue valor a la
empresa. Internamente, las empresas deberán
ser capaces de comprender sus inventarios de emisiones
de tal modo que permitan su uso transversal en
la empresa (gestión), siendo necesario
que incorporen niveles de detalle que permitan
desglosar emisiones a lo largo de toda la cadena
productiva, destacando así aquellos procesos
donde podrían surgir oportunidades de reducción.
Es por ello que el CO2 debe ser incorporado
como una variable adicional en la evaluación
de cualquier proyecto o iniciativa al interior
de la empresa, entendiéndose como una nueva
variable económica a la hora de hacer negocios.
Por Javier Obach y Pablo Necochea,
Sustainable Business Solutions, PricewaterhouseCoopers
|