La sensibilidad frente a la huella
del carbono o “foot print” está
cada vez más vigente a nivel global.
Producto de una mayor competitividad en los
mercados, o nuevas regulaciones locales o internacionales,
la reducción de Gases de Efecto Invernadero
(GEI) ha tomado cada vez más vigencia e
importancia.
En tanto, las iniciativas que favorecen a una
reducción de las emisiones de esos gases,
como el desarrollo de centrales hídricas
y, en general, proyectos de Energías Renovables
No Convencionales (ERNC), también están
siendo impulsadas por este mismo motivo.
Chile, como país, no está ajeno
a esta tendencia mundial debido a que enfrenta
una posible incorporación de cláusulas
de reducción de emisiones en los tratados
de libre comercio o condiciones especiales para
optar a fondos de inversiones sustentables.
Debido a lo anterior, el país cuenta
con el Plan de Acción Nacional de Cambio
Climático (2008-2012), un documento extenso
y bastante detallado que busca mitigar los GEI
y constituye el marco de referencia para las actividades
de evaluación de impactos, vulnerabilidad
y adaptación al cambio climático.
Entre las muchas actividades propuestas en este
Plan en el corto plazo, está determinar
anualmente las emisiones de la minería
del cobre que -siendo la principal actividad económica
del país- representa un 32,7% del total
del consumo eléctrico del país.
Esto, no cabe duda, en el caso de la minería,
y del cobre, principal producto de exportación
nacional, es un buen comienzo, y al menos, está
ayudando a que las compañías mineras
comiencen a medir con mayor precisión sus
índices de emisiones de CO2, y otros gases
que inciden en sus respectivas huellas de carbono
y que finalmente se refleja en sus productos finales.
Sin embargo, de acuerdo a estudios de la Comisión
Chilena del Cobre (Cochilco), la industria minera
viene experimentado en los últimos años
un sostenido aumento en la intensidad de uso de
energía, la cual es producida en su mayoría
en base a combustibles fósiles, y por este
motivo el rango de sus emisiones de CO2 a la atmósfera
también ha aumentado.
De acuerdo a lo señalado al principio,
si la minería u otra industria local, quiere
mantenerse vigente en su expectativa exportadora,
es imperiosa su necesidad, en una primera etapa,
de registrar exhaustivamente cada una de las emisiones
de GEI que intervienen en su proceso y, en una
segunda etapa, avanzar en la utilización
de otro modelo energético en sus operaciones
que no esté basado en su mayor parte en
centrales termoeléctricas alimentadas por
carbón, gas natural y petróleo.
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